Siempre, en todo fenómeno,
hay un cómo, pero no necesariamente un porqué.
El cómo implica
causalidad, el porqué implica voluntad.
La causalidad es una red
de mecanismos e interacciones, de fenómenos que derivan en otros fenómenos, a
cualquier nivel (diminuto o enorme, material o inmaterial); es universal.
La voluntad implica
decisión y requiere consciencia (explícita o implícita, individual o
colectiva); por lo tanto, es exclusiva de los seres sensibles, conscientes.
Lo más importante: por más compleja, intrincada e
incomprensible que nos resulte la causalidad, no implica voluntad.
Como dije, siempre hay un
cómo (mecanismos causales) pero no necesariamente un porqué (voluntad). A
manera de ejemplo, el que no entendamos cómo surgen el rayo y el trueno, no
implica que haya un Thor detrás golpeando su martillo.
Desde esta perspectiva, me
parece que muchos de los dilemas existenciales y de los vaivenes sociales que
han aquejado a la humanidad tienen que ver, precisamente, con la confusión de
las dos cosas; es decir, con empeñarnos en buscar voluntad donde solo hay
causalidad.
¿Qué tal si la vida (en
general) tiene detrás solo causalidad pero no voluntad?
¿Qué tal si no hay un
"gran diseño", una voluntad divina?
¿Podemos concebir la
existencia sin dioses que crean y disponen?
Yo sí puedo... y lo mejor
es que, una vez superado el shock inicial (producto de la cultura en la que me
he desarrollado), detrás de la gran incertidumbre y el aparente vacío, se abre
un infinito maravilloso de posibilidades, resultado, precisamente, de
mi voluntad.