miércoles, 19 de septiembre de 2012

Vivan los héroes que nos dieron patria


La frase esta con la que se da inicio a las fiestas de conmemoración de la independencia, me cae muy mal. ¿Por qué? Porque me parece que cada palabra es una completa y descarada falacia. Analicemos.

VIVAN - Imposibilidad natural. Estos personajes (Hidalgo y compañía) llevan 200 años muertos; y por más que les limpien los huesitos de vez en cuando, es imposible que vivan. Me dirán "bueno, es en sentido figurado, que vivan en nuestra memoria". A lo que yo respondería: ¿Por qué querríamos que vivieran, siquiera en nuestra memoria? ¿De qué nos sirve? ¿Tiene algún sentido más allá de la validación de una historia contada como hechos aislados de individuos sin contexto? Lo que me lleva al siguiente punto...

LOS HÉROES - El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE, http://lema.rae.es/drae/) define: Héroe (Del lat. heros, -ōis, y este del gr. ἥρως) 1. m. Varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes. 2. m. Hombre que lleva a cabo una acción heroica.
Tan solo el hecho de que la raíz etimológica de héroe sea la palabra eros ya debería ser muy sospechoso (¿qué diría Freud?).
Pero bueno, el punto es que el héroe es el prototipo del individuo sin contexto. Qué más absurdo que presentar a un minúsculo grupo de individuos (Hidalgo y compañía), que sin más ni más deciden que la cosa está muy mal (¿mal para quién?) y que, a punta de campanazos y gritos, empiezan una "gesta heroica" que termina con la independencia de un país.
Como si estos tipos no hubieran tenido sus intereses particulares. Como si hubieran estado solos en el mundo sin más gente pensante a su alrededor. Como si no hubieran tenido opositores y detractores. Como si no hubiera habido un contexto histórico y social de racismo y menosprecio por las "castas inferiores" (a las que ellos pertenecían). Como si no hubiera habido un contexto ideológico y político (la Ilustración, las Reformas Borbónicas). Como si todos estos contextos hubieran sido los mismos al inicio de la "gesta heroica" que al momento de la consolidación de la independencia.

NOS DIERON PATRIA - ¿A quienes nos dieron esa "patria"? ¿A todos por igual, con los mismos derechos y obligaciones? 
¿Igual a los mexicanos de hoy que a los "mexicanos" de 1825 o de 1910?
¿Igual a los de la Ciudad de México que a los de la hermana república de Yucatán o los de Arizona (que hoy ya no se considera parte de la "patria")?
¿Igual a los ilustrados de las ciudades que a los iletrados de las etnias indígenas a punto de desaparecer?
Y si su objetivo no era darnos nada, sino asegurar sus propios intereses ¿seguimos considerando que "nos la dieron"?
Para acabarla de amolar, el DRAE define: Patria (Del lat. patrĭa) 1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
De aquí se desprende que la "patria" sería diferente para cada individuo, dependiendo de su "sentimiento de ligazón". La patria del recién nacionalizado será diferente de la del "mexicano viejo"; la patria del honrado será diferente de la del peculado.
Además, si con cada Constitución (y con cada reforma a la misma) se redefine la "patria" (la nación), la patria de los recién independizados es diferente de la de 1827 y de la de 1917 y de la de hoy.
Entonces, ¿cuál patria nos dieron lo héroes?

En resumen, a mí el asunto este del 16 de septiembre, con sus héroes, símbolos, momentos de gloria y conceptos ambiguos me suena a pura mitología.
Y el numerito del grito, con sus símbolos (campana y bandera), su oficiante y su letanía, me suena a puro ritual... Pero bueno, se necesita del rito para perpetuar el mito.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Alegoría de la realidad lógica


"Pues bien, en tanto [el orden natural de las cosas]
no existía o no estaba sólidamente establecido,
los acontecimientos más maravillosos no tenían nada
que no pareciera perfectamente concebible".
Emile Durkheim, Las formas elementales de la vida religiosa.


En semejante día soleado, era imposible concebir cómo las flores habían decidido retirarse a sus meditaciones crepusculares. El rojo del cielo anunciaba una lluvia esplendorosa y los carros del ferrocarril se derretían como pequeños cubitos de plomo en pleno invierno.

Pero nada de eso lograba entristecer el buen humor de las cigüeñas que retozaban en la gelatina y se deleitaban en el verdor de sus escamas.

Las niñas ancianas, en cambio, se deban cuenta que tanta congruencia sólo podía significar una cosa: el pequeño mastodonte estaba a punto de emerger en toda su terrible majestuosidad del fondo de las nubes, como cuando los murciélagos son arrancados de la arena por la feroz espuma del mar en calma.

Fue entonces cuando las libélulas llamaron a consejo batiendo sus alas estrepitosamente sobre las burbujas de luz.

Los humanos, sobrecogidos por todas estas señales y acordes con su interminable paranoia, decidieron que la guerra ya no era la mejor forma de hacer crecer los abedules y volvieron a su sueño de jirafas azules y volcanes que se condensan en vapor de lava amarilla.

Así surgieron los armadillos de nieve y las garrapatas gigantes y los caramelos de azafrán y el lodo que cubre el cielo despejado y las armaduras de pelo de medusa y las galletas de raíz de lirio acuático y todas esas bellezas que se despliegan ante nuestros ojos cuando nos alejamos de las fantasías y nos atenemos a la razón pura.