miércoles, 19 de septiembre de 2012

Vivan los héroes que nos dieron patria


La frase esta con la que se da inicio a las fiestas de conmemoración de la independencia, me cae muy mal. ¿Por qué? Porque me parece que cada palabra es una completa y descarada falacia. Analicemos.

VIVAN - Imposibilidad natural. Estos personajes (Hidalgo y compañía) llevan 200 años muertos; y por más que les limpien los huesitos de vez en cuando, es imposible que vivan. Me dirán "bueno, es en sentido figurado, que vivan en nuestra memoria". A lo que yo respondería: ¿Por qué querríamos que vivieran, siquiera en nuestra memoria? ¿De qué nos sirve? ¿Tiene algún sentido más allá de la validación de una historia contada como hechos aislados de individuos sin contexto? Lo que me lleva al siguiente punto...

LOS HÉROES - El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE, http://lema.rae.es/drae/) define: Héroe (Del lat. heros, -ōis, y este del gr. ἥρως) 1. m. Varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes. 2. m. Hombre que lleva a cabo una acción heroica.
Tan solo el hecho de que la raíz etimológica de héroe sea la palabra eros ya debería ser muy sospechoso (¿qué diría Freud?).
Pero bueno, el punto es que el héroe es el prototipo del individuo sin contexto. Qué más absurdo que presentar a un minúsculo grupo de individuos (Hidalgo y compañía), que sin más ni más deciden que la cosa está muy mal (¿mal para quién?) y que, a punta de campanazos y gritos, empiezan una "gesta heroica" que termina con la independencia de un país.
Como si estos tipos no hubieran tenido sus intereses particulares. Como si hubieran estado solos en el mundo sin más gente pensante a su alrededor. Como si no hubieran tenido opositores y detractores. Como si no hubiera habido un contexto histórico y social de racismo y menosprecio por las "castas inferiores" (a las que ellos pertenecían). Como si no hubiera habido un contexto ideológico y político (la Ilustración, las Reformas Borbónicas). Como si todos estos contextos hubieran sido los mismos al inicio de la "gesta heroica" que al momento de la consolidación de la independencia.

NOS DIERON PATRIA - ¿A quienes nos dieron esa "patria"? ¿A todos por igual, con los mismos derechos y obligaciones? 
¿Igual a los mexicanos de hoy que a los "mexicanos" de 1825 o de 1910?
¿Igual a los de la Ciudad de México que a los de la hermana república de Yucatán o los de Arizona (que hoy ya no se considera parte de la "patria")?
¿Igual a los ilustrados de las ciudades que a los iletrados de las etnias indígenas a punto de desaparecer?
Y si su objetivo no era darnos nada, sino asegurar sus propios intereses ¿seguimos considerando que "nos la dieron"?
Para acabarla de amolar, el DRAE define: Patria (Del lat. patrĭa) 1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
De aquí se desprende que la "patria" sería diferente para cada individuo, dependiendo de su "sentimiento de ligazón". La patria del recién nacionalizado será diferente de la del "mexicano viejo"; la patria del honrado será diferente de la del peculado.
Además, si con cada Constitución (y con cada reforma a la misma) se redefine la "patria" (la nación), la patria de los recién independizados es diferente de la de 1827 y de la de 1917 y de la de hoy.
Entonces, ¿cuál patria nos dieron lo héroes?

En resumen, a mí el asunto este del 16 de septiembre, con sus héroes, símbolos, momentos de gloria y conceptos ambiguos me suena a pura mitología.
Y el numerito del grito, con sus símbolos (campana y bandera), su oficiante y su letanía, me suena a puro ritual... Pero bueno, se necesita del rito para perpetuar el mito.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Alegoría de la realidad lógica


"Pues bien, en tanto [el orden natural de las cosas]
no existía o no estaba sólidamente establecido,
los acontecimientos más maravillosos no tenían nada
que no pareciera perfectamente concebible".
Emile Durkheim, Las formas elementales de la vida religiosa.


En semejante día soleado, era imposible concebir cómo las flores habían decidido retirarse a sus meditaciones crepusculares. El rojo del cielo anunciaba una lluvia esplendorosa y los carros del ferrocarril se derretían como pequeños cubitos de plomo en pleno invierno.

Pero nada de eso lograba entristecer el buen humor de las cigüeñas que retozaban en la gelatina y se deleitaban en el verdor de sus escamas.

Las niñas ancianas, en cambio, se deban cuenta que tanta congruencia sólo podía significar una cosa: el pequeño mastodonte estaba a punto de emerger en toda su terrible majestuosidad del fondo de las nubes, como cuando los murciélagos son arrancados de la arena por la feroz espuma del mar en calma.

Fue entonces cuando las libélulas llamaron a consejo batiendo sus alas estrepitosamente sobre las burbujas de luz.

Los humanos, sobrecogidos por todas estas señales y acordes con su interminable paranoia, decidieron que la guerra ya no era la mejor forma de hacer crecer los abedules y volvieron a su sueño de jirafas azules y volcanes que se condensan en vapor de lava amarilla.

Así surgieron los armadillos de nieve y las garrapatas gigantes y los caramelos de azafrán y el lodo que cubre el cielo despejado y las armaduras de pelo de medusa y las galletas de raíz de lirio acuático y todas esas bellezas que se despliegan ante nuestros ojos cuando nos alejamos de las fantasías y nos atenemos a la razón pura.

martes, 14 de agosto de 2012

De la apropiación del arte


Con esto de que prácticamente cualquier celular trae cámara y de que ya no estamos limitados por la película, el revelado y la impresión, es de lo más común que nos pongamos a tomar fotos en cualquier lugar y en cualquier situación. Se ha vuelto algo casi instintivo, inconsciente.

Pero un aspecto de este nuevo hábito tecnológico que me llama especialmente la atención es cuando lo hacemos en los museos (al menos en los que lo permiten).

¿Por qué tomamos fotos en los museos? Y aquí, más que a las fotos que nos tomamos a nosotros mismos en la entrada o junto a una pieza importante en plan "yo estuve aquí", me refiero concretamente a las fotos que tomamos de las piezas de arte.

Una posibilidad es que vayamos a usar las fotos para ilustrar algún trabajo o presentación, pero parece que en la mayoría de los casos no es esta la razón.

Otra posibilidad es que simplemente queramos tener un recuerdo de visita, una forma de guardar el momento, de darle persistencia en la memoria. En este caso habría que preguntarnos si es que las fotos se vuelven a ver y, de ser así, cada cuánto. Si las fotos de las piezas de museo casi nunca se vuelven a ver (como me pasa a mí), ¿para qué tomarlas?

Por un lado, creo que el asunto tiene que ver, efectivamente, con el recuerdo, con el momento. Me parece que es una forma de darle permanencia a lo que es explícitamente pasajero: la visita, la exposición, la obra, la imagen mental, el sentimiento agradable.

Por otro lado, creo que también es una forma de apropiación del arte. Apropiación en el sentido de poseer, de ser el propietario de la obra (aunque en menor escala); pero también en el sentido de comunión con el artista, de apropiarnos de su pensamiento, su sentimiento y su visión del mundo.

En ambos casos, un esfuerzo más o menos desesperado e inútil de aferrarnos al instante placentero, de mantenerlo por siempre. La batalla perdida contra ansiedad que nos genera la impermanencia.

miércoles, 18 de julio de 2012

Reflexiones sobre el cambio


A finales de junio, unos días antes de las votaciones, mi querido amigo Memo escribía en su blog (yanohaylocos.blogspot.com) sobre el voto razonado, a lo que yo respondí lo siguiente:

De acuerdo mi querido Memo. Pero creo que el problema no es el nombre de la persona ni del partido sino la actitud de héroes mesiánicos que a todos les encanta desplegar.¿Cómo les pedimos cuentas, más allá de los periodicazos y las marchas, evidentemente inútiles?¿Qué hacer cuando no cumplan con lo que prometieron (como siempre pasa)?¿Cómo inventar e implementar mecanismos efectivos de rendición de cuentas cuando lo único que se busca es la permanencia en el poder?¿Qué hacemos cuando a los héroes mesiánicos se les bote la canica y cambien el amor por la intolerancia, la inclusión por el favoritismo, el desarrollo por la falsa soberanía?Y peor aún, ¿qué hacemos el lunes cuando el PRI regrese, como todo parece indicar?
La respuesta de Memo fue: "Bueno, ciudadano Vega, ya lanzó las preguntas, ahora dedíquenos unas respuestas."

Aquí va una reflexión a modo de respuesta.

Desde mi punto de vista, la respuesta a esas preguntas concretas es: No podemos hacer nada... aún.

Me explico.

Creo que una de las principales causas de la desesperanza y frustración que sentimos al pensar en la inercia viciosa en la que nos encontramos como país es nuestra concepción sobre la naturaleza del cambio.
Cuando queremos que algo cambie, queremos que sea lo más rápido posible y de forma radical (de preferencia en nuestro propio beneficio).
Pero ¿los cambios realmente suceden así, de pronto, de la nada, como por arte de magia (o intervención divina)?

Desde mi punto de vista, el cambio es inevitable, es la esencia de la realidad. Todo cambia en todo momento (aunque no nos demos cuenta). En este sentido me parece inútil preguntarnos si nuestra situación política y social actual va a cambiar. Seguro que sí cambiará. Más bien habría que preguntarnos cómo va a cambiar, cuándo y hacia dónde. Llegamos al asunto de la naturaleza del cambio.

¿Qué se necesita para que haya un cambio? Causas adecuadas y suficientes.
Con adecuadas quiero decir que generarán el efecto deseado.
Con suficientes quiero decir en cantidad necesaria.
Por ejemplo, si quisiéramos construir un gran edificio de acero, necesitaríamos acero, no piedra (causas adecuadas) y lo necesitaríamos en gran cantidad, no solo tres varillas (causas suficientes).
De la misma forma, si queremos construir un país donde predominen la ética y la responsabilidad social en todos los ámbitos (político, social, económico, familiar, etc.), necesitamos ciudadanos cuyo quehacer habitual esté regido por esas cualidades.

¿De dónde vamos a sacar a estos ciudadanos ideales?
Bueno, en este punto soy tanto pesimista como optimista. Pesimista porque creo que nuestra generación y las de más arriba ya no tienen remedio; estamos ya demasiado viciados y habituados a las condiciones actuales. Pero soy optimista porque creo que en el fondo de nuestros corazoncitos viciados tenemos un mínimo de decencia y sentido común; pero sobre todo, porque estamos teniendo hijos. Y ahí está la verdadera posibilidad del cambio.

Creo que, por un lado, la causa adecuada del cambio será la educación de las personas, especialmente las nuevas generaciones.
Y no me refiero a la educación académica sino a la personal, la humana, basada en el razonamiento reflexivo, la ética y la responsabilidad social, no como ideales utópicos, sino como estilo de vida real. Una verdadera ética secular (algo como lo que describe el Dalai Lama en su libro Beyond religion, http://www.huffingtonpost.com/2011/12/02/beyond-religion-dalai-lam_n_1125892.html).
Por otro lado, el que la causa sea suficiente será solo cuestión de tiempo. ¿Cuánto? El que sea necesario para generar una cantidad de individuos (una masa crítica) que oriente la trayectoria social en una dirección distinta.

Llegado ese punto, es decir, cuando las causas adecuadas y suficientes estén presentes, el cambio se dará naturalmente, sin siquiera buscarlo. Creo que vamos por buen camino pues las causas adecuadas ya se empiezan a vislumbrar. Ahora falta que sen suficientes, lo cual seguramente tardará al menos una o dos generaciones más.

Así que paciencia. Es solo cuestión de tiempo.


martes, 10 de julio de 2012

Volviéndome loco - experimento 2

"La única diferencia entre un loco y yo
es que yo no estoy loco." 
Salvador Dalí. 

¿Cómo sé que no estoy loco?
¿Qué es estar loco?

Creo que no hay un término técnico para "loco", pero revisando el índice del DSM-IV (el manual diagnóstico de trastornos mentales) creo que lo más cercano a lo que quiero expresar es "Trastorno de la personalidad".

Sin meterme en tecnicismos, quisiera hacer énfasis en el primer criterio de la definición de "Trastorno mental", que ilustra claramente mi punto:

A. Un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto. Este patrón se manifiesta en dos (o más) de las áreas siguientes: 1. cognición [...] 2. afectividad [...] 3. actividad interpersonal; 4. control de los impulsos.
(http://personal.telefonica.terra.es/web/psico/dsmiv/dsmiv16.html)

El punto clave es “se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura”.

Lo que deduzco de lo anterior es que la locura consiste, básicamente, en salirse de la normalidad poblacional (en sentido estadístico), de lo que culturalmente se espera del sujeto. En este sentido, la cordura (normalidad) se mide exclusivamente desde fuera, en función de la relación del individuo con los demás. Es decir, son los demás los que deciden si estoy loco o no, con base en sus supuestos culturales, en el deber ser.

Pero me parece más o menos claro que eso no tiene que ver con el individuo mismo, es decir, con lo que el individuo piensa o siente sobre sí mismo. En este sentido la pregunta sería ¿estaré loco si no me considero loco?
Si yo me siento a gusto con mi propia cognición, afectividad, etc., aunque estas sean radicalmente distintas de lo que se espera de mí ¿estaré loco?

Lo que me lleva al experimento 2:

Supongamos que un buen día yo decido consciente, razonada y voluntariamente, romper con los patrones socialmente esperados (cognitivos, afectivos, interpersonales e impulsivos), es decir, decido salir de la normalidad.
¿Estaría loco?
¿Podrían saber (desde fuera) que no estoy loco?
¿Se seguiría considerando un “trastorno de la personalidad”?

Habrá que ver… Una vez más te invito, querido lector, a hacer este experimento conmigo y contarme cómo te fue.

domingo, 8 de julio de 2012

Imagen personal - experimento 1

Desde hace algún tiempo me he preguntado sobre la construcción de la autoimagen y su relación con la construcción de la identidad. En primera instancia, mi pregunta concreta es ¿cómo construyo mi propia imagen de mí mismo? Es decir, ¿cómo sé cómo ve veo?

La respuesta es obvia: me veo al espejo. Diariamente construyo mi autoimagen a partir de lo que veo en el espejo y designo como "así me veo" (autoimagen) y casi de inmediato "eso soy yo" (identidad).

Pero ¿cómo era este proceso hace siglos o milenios, cuando no habían espejos o el acceso a los mismos (o a cualquier superficie reflejante, para el caso) era poco frecuente? ¿Cómo construía la gente la imagen de sí misma? ¿Qué pasa cuando la autoimagen mental (el último registro del pasado) deja de corresponder con la imagen "real"? En última instancia ¿para qué nos sirve la autoimagen?

Para tratar de explorar aunque sea someramente estas preguntas, me propongo realizar un experimento:
Durante algún tiempo (lo más que pueda) haré todo lo posible por no ver una imagen de mí mismo, evitando verme en espejos y fotos.
Después de este tiempo reportaré qué imagen tengo de mí mismo, si siento que hay algún desfase y si siento que esto afecta de algún modo mi identidad.

El experimento es muy simple en diseño, pero me imagino que será complicado en ejecución. Aun así será interesante intentarlo. Es más, te invito, querido lector, a realizar este experimento conmigo y decirme cómo te fue.

martes, 12 de junio de 2012

Cómo y porqué


Siempre, en todo fenómeno, hay un cómo, pero no necesariamente un porqué.

El cómo implica causalidad, el porqué implica voluntad.

La causalidad es una red de mecanismos e interacciones, de fenómenos que derivan en otros fenómenos, a cualquier nivel (diminuto o enorme, material o inmaterial); es universal. 

La voluntad implica decisión y requiere consciencia (explícita o implícita, individual o colectiva); por lo tanto, es exclusiva de los seres sensibles, conscientes.

Lo más importante: por más compleja, intrincada e incomprensible que nos resulte la causalidad, no implica voluntad. 

Como dije, siempre hay un cómo (mecanismos causales) pero no necesariamente un porqué (voluntad). A manera de ejemplo, el que no entendamos cómo surgen el rayo y el trueno, no implica que haya un Thor detrás golpeando su martillo.

Desde esta perspectiva, me parece que muchos de los dilemas existenciales y de los vaivenes sociales que han aquejado a la humanidad tienen que ver, precisamente, con la confusión de las dos cosas; es decir, con empeñarnos en buscar voluntad donde solo hay causalidad.

¿Qué tal si la vida (en general) tiene detrás solo causalidad pero no voluntad?
¿Qué tal si no hay un "gran diseño", una voluntad divina?
¿Podemos concebir la existencia sin dioses que crean y disponen?

Yo sí puedo... y lo mejor es que, una vez superado el shock inicial (producto de la cultura en la que me he desarrollado), detrás de la gran incertidumbre y el aparente vacío, se abre un infinito maravilloso de posibilidades, resultado, precisamente, de mi voluntad.

martes, 15 de mayo de 2012

De la memoria histórica

En estos tiempos electorales es muy común evocar a la memoria histórica, básicamente como recurso para evitar que la gente vote por algún partido (principalmente el PRI). Pero ¿a qué nos referimos con "memoria histórica"? Me da la impresión que usamos el término sin ser conscientes de su relativismo e incertidumbre.

Relativismo, primero, porque como dice el dicho, cada quien habla como le va en la feria. Por ejemplo, me parece algo absurdo y hasta tierno que las personas jóvenes (concretamente aquellos en sus veintes) se refieran a las desgracias del régimen priísta cuando, en aquella época infantil su mundo se componía básicamente de juegos, caricaturas y alguna que otra molesta tarea escolar.

De los que estamos en los treintas lo entiendo un poco más, pues ya teníamos cierta consciencia de nuestro entorno social, pero aún así eramos adolescentes preocupados básicamente por el chupe, la fiesta y el sexo (o, de preferencia, una combinación de los tres).

Creo que los más mayorcitos sí podrían hablar de "memoria histórica" con más conocimiento de causa, pues ya eran actores sociales medianamente conscientes e informados. Pero aún así, como dice otra vez el dicho, cada quien habla como le va en la feria.

Es evidente que no tendrá la misma "memoria histórica" aquella persona (o familia) que perdió todos sus bienes en alguna de las periódicas devaluaciones priístas que aquella otra que se hizo millonaria con el mismo evento. No tendrá la misma "memoria histórica" aquel que se ha pasado buena parte de su vida buscando trabajo que aquel al que sí le hizo justicia la revolución y consiguió una plaza vitalicia en cualquier institución del gobierno (o sindicato).

Y para acabarla de amolar está la cuestión de la incertidumbre (al estilo Heisenberg), que básicamente quiere decir que nunca podremos conocer absolutamente un fenómeno, pues el simple hecho de observarlo modifica nuestra percepción. En este caso, la "memoria histórica" (lo que se recuerda del pasado) siempre será diferente, incluso para una misma persona, pues cada vez que se le observa/recuerda, se observa/recuerda una cualidad distinta.

Es decir, no solamente cada quien habla como le va en la feria, sino que el mismo recuerdo de la feria cambiará cada vez que se le recuerde... Entonces ¿qué es eso que llamamos "memoria histórica"?

Creo que la única salida es evocar la "memoria histórica colectiva", pero teniendo siempre presente que esta es la suma de las memorias individuales (relativas e inciertas) y por lo tanto es, a su vez, igualmente relativa e incierta. Sin embargo, creo que el valor de aludir a la "memoria histórica colectiva" radica en que el foco del análisis deja de centrarse (aunque sea por un momento) en uno mismo y pasa a centrarse en el beneficio colectivo.

Y ahora sí, desde la memoria histórica colectiva, será pertinente preguntarnos, por ejemplo, ¿cómo nos fue colectivamente con los regímenes priístas?

jueves, 26 de abril de 2012

Cultura o incultura


¿Sabías que Cristóbal Colón descubrió América en 1492? 
¿Sabías que James D. Watson y Francis Crick descubrieron la estructura del DNA en 1953?
Lo más probable es que hayas contestado que sí a la primera pregunta y que no a la segunda... ¿Por qué?

Ese es precisamente el tema de esta reflexión, que he elaborado a sugerencia de mi querida amiga K., siguiendo una pregunta que ella me hizo.

Cito a K.: "En la convivencia social se considera que la persona 'culta' es la que sabe de política, de problemática social, de fechas históricas, etc. Y si no conoces a los protagonistas de la segunda guerra mundial es 'naquísimo', pero yo desde las ciencias biológicas siempre digo ¿por qué si la gente no distingue entre RNA y DNA nadie los critica? ¿o distinguir entre un procarionte y un eucarionte?"

Creo que el cuestionamiento de mi amiga K. tiene que ver, por un lado, con lo que socialmente consideramos como conocimiento valioso, es decir, lo que vale la pena saber, que está directamente relacionado con cómo se difunde el conocimiento especializado. Por otro lado, creo que también podría tener que ver con el placer, concretamente el placer mental.

Vamos por partes.

A primera vista parecería obvio que el conocimiento (cualquier tipo de conocimiento) es valioso en sí mismo, en tanto que aporta cultura y permite desarrollar el juicio crítico (siguiendo la definición de "cultura" de la Real Academia). Pero a la hora de la verdad, resulta evidente que en la vida cotidiana le damos más valor a cierto tipo de conocimiento sobre otro. De otra forma ¿cómo se explica que se considere "más culto" saber de historia o de música que de biología, química o física?

Rascándole un poquito, me da la impresión que el problema no es que un tipo de conocimiento se considere más valioso que el otro, sino que tiene que ver más bien con lo inteligible del conocimiento, es decir, cierto tipo de conocimiento nos parece más fácil de entender que otro.

Aunque el hecho de que entendamos mejor unos temas sobre otros está obviamente influenciado por nuestras preferencias personales, creo que el principal factor que afecta dicha comprensión radica más bien en cómo se enseña o difunde el conocimiento.

En la mayoría de los casos, el tipo de enseñanza formal a la que nos vemos expuestos es una que busca inculcar un conocimiento enciclopédico, no uno aplicado ni mucho menos crítico. Bajo esta perspectiva, me parece inevitable que ciertos temas nos parezcan aburridos o difíciles de comprender, sobre todo si requieren de un lenguaje más o menos técnico, como en el caso de las ciencias "duras" (físicas, químicas o biológicas).

En este sentido, creo que es indispensable cambiar el tipo de enseñanza de las ciencias biológicas (y de cualquier otra disciplina) para poder disfrutar de su estudio/aprendizaje. El gran reto es que el aprendizaje deje de ser enciclopédico e intrascendente y empiece a ser crítico, útil y aplicado. De otra forma, solamente estaremos haciendo de nuestras mentes unas "enciclopedias de lo inútil" (tomando la bonita frase de mi hermana).

Pero la cosa no termina allí. Este cambio en el paradigma de la enseñanza/aprendizaje tiene dos caras. Por un lado es responsabilidad de mi querida amiga K. y de los que le hacemos a esto de la docencia el cambiar nuestra forma de enseñar, pero por otro lado también es responsabilidad de los alumnos reflexionar sobre cómo quieren aprender y exigirlo a sus maestros.

Finalmente, el otro factor que creo que podría influir en nuestras preferencias de "conocimiento culto" es el placer que este proporciona, concretamente el placer mental. Me parece que la experiencia placentera es mucho más directa al escuchar una obra de Mozart aunque no sepamos nada de instrumentos, tesituras y demás, que al tratar de buscarle la belleza a los procesos genéticos de una célula o al principio de incertidumbre de Heisenberg.

Pero aquí la limitante, otra vez, no es de fondo sino de forma, con lo cual bastará con asegurarnos de enseñar/aprender de forma tal que cualquier oscura región del conocimiento pueda desplegar en nuestra mente toda su placentera belleza....




    jueves, 29 de marzo de 2012

    AMLO sería el presidente perfecto


    Desde mi punto de vista, AMLO sería el presidente perfecto, pues es fiel reflejo de lo que somos actualmente los mexicanos.

    Cuando tenemos un problema, nuestra primera reacción es responsabilizar a alguien más (de preferencia al gobierno) y creer que ese alguien está haciendo un complot en nuestra contra. 

    Después de culpar a otros, si las cosas todavía no salen como queremos, nuestra siguiente reacción es hacer berrinches y amenazar, ya sea verbal o físicamente (marchas, plantones, "Que no se repita lo de hace 6 años", etc.)... como niños chiquitos.

    Cuando superamos la culpa y el berrinche y nos decidimos a buscarle solución a los problemas, esperamos, paradójicamente, que alguien más nos solucione el problema (de preferencia el mismo gobierno al que culpamos). Además solemos ser de miras cortas, esperando resultados inmediatos que nos beneficien personalmente; sin tener en cuenta el panorama más amplio y el bienestar común. La perfecta expresión de esta actitud es la dádiva de despensas y becas en vez de la promoción de la educación y la inversión para promover el trabajo.

    Cuando volteamos a ver a los "más desprotegidos" (pobres, indígenas, mujeres, niños, discapacitados, ancianos, etc.) lo hacemos con una actitud de lástima, señalando sus diferencias y promoviendo la falsa caridad de las despensas y las becas; en vez de generar verdadera empatía y decidirse a atacar los procesos socio-culturales que exaltan dichas diferencias y generan la desigualdad y la discriminación.

    En resumen, todas estas actitudes son las que me recuerda AMLO y por ello creo que sería el presidente perfecto para los mexicanos actuales.

    Pero a mi me gustaría que los mexicanos aspiráramos a algo radicalmente diferente. A asumir nuestra propia responsabilidad en los problemas y en sus soluciones. A pensar a lo grande, a lo lejos y al futuro. A ver el bienestar común como inseparable del bienestar personal. A atacar la discriminación desde su raíz más profunda (el hogar) y desarrollar una verdadera empatía que disminuya la desigualdad.

    Este es el futuro que me gustaría que los mexicanos creáramos, pero para ello AMLO no sería el presidente adecuado. ¿Y los otros candidatos?... Mmmmm...

    lunes, 30 de enero de 2012

    Experimento social


    Soi un apacionado de la vuena ortografia y de la korrecta redaxion (inclullendo la korrecta puntuasion). Imajino ke tiene ke ber con ke fue un abito inculcado desde chico ke con el tienpo eh seguido desarroyando. Pero ultimamente me eh encontrado (cada ves mas) con jente ke no solo tiene muy mala ortografia sino ke tampoco le da importansia y asta le parese inrelebante. 


    Creo tanvien ke esto se a acersentado con la mensageria instantanea en todas sus presentasiones donde parese ke el objetibo es la velosidad de comunicasion aunque sea a costa de sacrifikar la claridad del mensage.

    Mi primera imprecion ante estos casos es de asombro incredulidad y asta abersion. Pero ultimamente me eh puesto a penzar si mi demanda de una korrecta escritura tiene sentido. Es desir si el objetibo del lenguage es comunikar una idea en teoria no deveria inportar la forma (ortografia/redaxion) mientras se logre transmitir el fondo (idea/mensage).


    Pero ay esta el problema: como podemos saver si la comunicasion fue efectiba (es desir si el mensage se transmitio corectamente)? Como saver si realmente inportan o no la ortografia y redaxion en un texto?


    En este sentido kerido lector kisiera pedirte ke me alludes con un pekenio experimento contestando 5 preguntas aserca de esto ke acavas de leer. No te llebara mas de 1 minuto. Por fabor da clic aki: http://www.surveymonkey.com/s/VHC7SGM


    Grasias!