martes, 7 de octubre de 2014

Sobre la justificación en investigación con animales


Leyendo la entrada "Useless Creatures" de Richard Conniff en el blog Opinionator del New York Times me puse a pensar en cómo justificamos la investigación.

Cuando un investigador o estudiante de investigación (de cualquier disciplina) escribe un proyecto, inevitablemente se topa con una sección llamada "Justificación", en donde básicamente tiene que decir por qué es relevante su investigación. Como toda investigación, por sencilla que sea, inevitablemente costará algo (al menos el sueldo del investigador), para las instituciones financiadoras la justificación de un proyecto de investigación se traduce finalmente en la pregunta ¿en qué nos beneficiaría (como institución, como país) meterle dinero a tu proyecto? Es decir, la justificación de la investigación está basada en un criterio pragmatista utilitario.

El asunto de la justificación ha sido y sigue siendo objeto de amplio debate en el ámbito de las ciencias sociales, particularmente en la historia, donde la utilidad concreta de la investigación parecería no ser del todo evidente o inmediata, al menos en comparación, por ejemplo, con las ciencias biológicas. Y es que resulta evidente para cualquiera que estudiar los mecanismos celulares del cáncer tiene una utilidad concreta, utilidad que no es igual de evidente cuando se trata, por ejemplo, del estudio de cosas como la navegación en tiempos de los olmecas o de los caminos reales en la Colonia.

Por el contrario, en el caso de las ciencias biológicas y concretamente en la investigación biomédica, el criterio utilitario de justificación es tan fuerte que rara vez se cuestiona y se ha llevado al extremo de dar por hecho que los intereses del hombre (cualesquiera que sean, tanto los "útiles" como los "inútiles") están por encima de cualquier otra cosa, por encima incluso de la vida de otros seres. Esto se observa claramente en al menos dos situaciones:

1) La investigación basada en modelos animales (aquella en la que se usan animales para estudiar procesos biológicos de interés para el hombre). La limitación inherente a estos modelos, que hace dudosa su justificación, es que las observaciones derivadas de ellos están limitadas casi siempre al animal en cuestión, por lo que los estudios de este tipo inevitablemente terminan diciendo algo así como "bueno, esto es lo que pasa en el bicho tal y esto podría ser parecido en el humano; hacen falta más estudios".

2) La investigación farmacéutica, que opera bajo la premisa de que hay que ver qué efectos adversos tienen las sustancias en animales antes de dárselas a los humanos. En este tipo de investigación se asume, con la más antropocéntrica arrogancia, que la salud y la vida de un animal (no humano) son menos importantes que las de un (animal) humano.

¿Cómo se justifica todo esto? Es decir, ¿en qué basamos nuestra creencia de que lastimar y matar animales en pro de los intereses del hombre es correcto?

De entrada podría pensarse en un criterio de instinto de depredador, es decir, como yo humano no tengo depredador puedo disponer de los demás seres sin preocupación. Pero si de algo nos vanagloriamos los humanos es de basarnos menos en los instintos que en la razón, por lo que debería haber un criterio un poco más "racional".

Desde mi punto de vista, la justificación "racional" de estas posturas "científicas" tiene detrás un argumento nada científico, que tiene su origen en el mito fundacional de la religión judeocristiana:
"Y los bendijo Dios [a Adán y a Eva] y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra" (Génesis 1:28).
Es decir, lastimamos y matamos animales porque alguien nos dijo que una leyenda antigua dice que cierta deidad dijo que estaba bien hacerlo.

¿Qué pasaría si basáramos nuestras decisiones sobre la vida de otros seres en un mito diferente o mejor aún en nuestro sentido común? Supongo que nuestra relación para con los demás seres con los que cohabitamos el planeta sería radicalmente distinta.

Ojo, no niego que la investigación en animales haya traído grandes ventajas a la salud humana; simplemente creo que detrás de esta postura hay un criterio utilitarista que ya no es justificable en pleno siglo XXI.

Creo que con los avances en el pensamiento y en la tecnología con los que contamos en este siglo deberíamos tener la responsabilidad ética de buscar alternativas de investigación más holísticas, menos antropocéntricas, que consideren que el bienestar de cualquier forma de vida es tan importante como el humano y que, de hecho, nuestro bienestar depende del suyo.

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