Desde
hace algún tiempo me he preguntado sobre la construcción de la autoimagen y su
relación con la construcción de la identidad. En primera instancia, mi pregunta
concreta es ¿cómo construyo mi propia imagen de mí mismo? Es decir, ¿cómo sé
cómo ve veo?
La respuesta es obvia: me veo al espejo. Diariamente
construyo mi autoimagen a partir de lo que veo en el espejo y designo como
"así me veo" (autoimagen) y casi de inmediato "eso soy yo"
(identidad).
Pero ¿cómo era este proceso hace siglos o milenios, cuando no
habían espejos o el acceso a los mismos (o a cualquier superficie reflejante,
para el caso) era poco frecuente? ¿Cómo construía la gente la imagen de sí
misma? ¿Qué pasa cuando la autoimagen mental (el último registro del pasado)
deja de corresponder con la imagen "real"? En última instancia ¿para
qué nos sirve la autoimagen?
Para tratar de explorar aunque sea someramente estas
preguntas, me propongo realizar un experimento:
Durante
algún tiempo (lo más que pueda) haré todo lo posible por no ver una imagen de
mí mismo, evitando verme en espejos y fotos.
Después
de este tiempo reportaré qué imagen tengo de mí mismo, si siento que hay algún
desfase y si siento que esto afecta de algún modo mi identidad.
El experimento es muy simple en diseño, pero me imagino que
será complicado en ejecución. Aun así será interesante intentarlo. Es más, te
invito, querido lector, a realizar este experimento conmigo y decirme cómo te
fue.
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