A finales de junio, unos días antes de las votaciones, mi querido amigo Memo escribía en su blog (yanohaylocos.blogspot.com) sobre el voto razonado, a lo que yo respondí lo siguiente:
De acuerdo mi querido Memo. Pero creo que el problema no es el nombre de la persona ni del partido sino la actitud de héroes mesiánicos que a todos les encanta desplegar.¿Cómo les pedimos cuentas, más allá de los periodicazos y las marchas, evidentemente inútiles?¿Qué hacer cuando no cumplan con lo que prometieron (como siempre pasa)?¿Cómo inventar e implementar mecanismos efectivos de rendición de cuentas cuando lo único que se busca es la permanencia en el poder?¿Qué hacemos cuando a los héroes mesiánicos se les bote la canica y cambien el amor por la intolerancia, la inclusión por el favoritismo, el desarrollo por la falsa soberanía?Y peor aún, ¿qué hacemos el lunes cuando el PRI regrese, como todo parece indicar?
La respuesta de Memo fue: "Bueno, ciudadano Vega, ya lanzó las preguntas, ahora dedíquenos unas respuestas."
Aquí va una reflexión a modo de respuesta.
Desde mi punto de vista, la respuesta a esas preguntas concretas es: No podemos hacer nada... aún.
Me explico.
Creo que una de las principales causas de la desesperanza y frustración que sentimos al pensar en la inercia viciosa en la que nos encontramos como país es nuestra concepción sobre la naturaleza del cambio.
Cuando queremos que algo cambie, queremos que sea lo más rápido posible y de forma radical (de preferencia en nuestro propio beneficio).
Pero ¿los cambios realmente suceden así, de pronto, de la nada, como por arte de magia (o intervención divina)?
Desde mi punto de vista, el cambio es inevitable, es la esencia de la realidad. Todo cambia en todo momento (aunque no nos demos cuenta). En este sentido me parece inútil preguntarnos si nuestra situación política y social actual va a cambiar. Seguro que sí cambiará. Más bien habría que preguntarnos cómo va a cambiar, cuándo y hacia dónde. Llegamos al asunto de la naturaleza del cambio.
¿Qué se necesita para que haya un cambio? Causas adecuadas y suficientes.
Aquí va una reflexión a modo de respuesta.
Desde mi punto de vista, la respuesta a esas preguntas concretas es: No podemos hacer nada... aún.
Me explico.
Creo que una de las principales causas de la desesperanza y frustración que sentimos al pensar en la inercia viciosa en la que nos encontramos como país es nuestra concepción sobre la naturaleza del cambio.
Cuando queremos que algo cambie, queremos que sea lo más rápido posible y de forma radical (de preferencia en nuestro propio beneficio).
Pero ¿los cambios realmente suceden así, de pronto, de la nada, como por arte de magia (o intervención divina)?
Desde mi punto de vista, el cambio es inevitable, es la esencia de la realidad. Todo cambia en todo momento (aunque no nos demos cuenta). En este sentido me parece inútil preguntarnos si nuestra situación política y social actual va a cambiar. Seguro que sí cambiará. Más bien habría que preguntarnos cómo va a cambiar, cuándo y hacia dónde. Llegamos al asunto de la naturaleza del cambio.
¿Qué se necesita para que haya un cambio? Causas adecuadas y suficientes.
Con adecuadas quiero decir que generarán el efecto deseado.
Con suficientes quiero decir en cantidad necesaria.
Por ejemplo, si quisiéramos construir un gran edificio de acero, necesitaríamos acero, no piedra (causas adecuadas) y lo necesitaríamos en gran cantidad, no solo tres varillas (causas suficientes).
De la misma forma, si queremos construir un país donde predominen la ética y la responsabilidad social en todos los ámbitos (político, social, económico, familiar, etc.), necesitamos ciudadanos cuyo quehacer habitual esté regido por esas cualidades.
¿De dónde vamos a sacar a estos ciudadanos ideales?
Bueno, en este punto soy tanto pesimista como optimista. Pesimista porque creo que nuestra generación y las de más arriba ya no tienen remedio; estamos ya demasiado viciados y habituados a las condiciones actuales. Pero soy optimista porque creo que en el fondo de nuestros corazoncitos viciados tenemos un mínimo de decencia y sentido común; pero sobre todo, porque estamos teniendo hijos. Y ahí está la verdadera posibilidad del cambio.
Creo que, por un lado, la causa adecuada del cambio será la educación de las personas, especialmente las nuevas generaciones.
De la misma forma, si queremos construir un país donde predominen la ética y la responsabilidad social en todos los ámbitos (político, social, económico, familiar, etc.), necesitamos ciudadanos cuyo quehacer habitual esté regido por esas cualidades.
¿De dónde vamos a sacar a estos ciudadanos ideales?
Bueno, en este punto soy tanto pesimista como optimista. Pesimista porque creo que nuestra generación y las de más arriba ya no tienen remedio; estamos ya demasiado viciados y habituados a las condiciones actuales. Pero soy optimista porque creo que en el fondo de nuestros corazoncitos viciados tenemos un mínimo de decencia y sentido común; pero sobre todo, porque estamos teniendo hijos. Y ahí está la verdadera posibilidad del cambio.
Creo que, por un lado, la causa adecuada del cambio será la educación de las personas, especialmente las nuevas generaciones.
Y no me refiero a la educación académica sino a la personal, la humana, basada en el razonamiento reflexivo, la ética y la responsabilidad social, no como ideales utópicos, sino como estilo de vida real. Una verdadera ética secular (algo como lo que describe el Dalai Lama en su libro Beyond religion, http://www.huffingtonpost.com/2011/12/02/beyond-religion-dalai-lam_n_1125892.html).
Por otro lado, el que la causa sea suficiente será solo cuestión de tiempo. ¿Cuánto? El que sea necesario para generar una cantidad de individuos (una masa crítica) que oriente la trayectoria social en una dirección distinta.
Llegado ese punto, es decir, cuando las causas adecuadas y suficientes estén presentes, el cambio se dará naturalmente, sin siquiera buscarlo. Creo que vamos por buen camino pues las causas adecuadas ya se empiezan a vislumbrar. Ahora falta que sen suficientes, lo cual seguramente tardará al menos una o dos generaciones más.
Así que paciencia. Es solo cuestión de tiempo.
Por otro lado, el que la causa sea suficiente será solo cuestión de tiempo. ¿Cuánto? El que sea necesario para generar una cantidad de individuos (una masa crítica) que oriente la trayectoria social en una dirección distinta.
Llegado ese punto, es decir, cuando las causas adecuadas y suficientes estén presentes, el cambio se dará naturalmente, sin siquiera buscarlo. Creo que vamos por buen camino pues las causas adecuadas ya se empiezan a vislumbrar. Ahora falta que sen suficientes, lo cual seguramente tardará al menos una o dos generaciones más.
Así que paciencia. Es solo cuestión de tiempo.
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